sábado, 7 de junio de 2008

TATUAJES

-Los bordes desgastados de una mesa, y sobre esta, un Cementerio lleno de colillas. Siempre hay que dejar una puerta abierta a la esperanza. Pero lo que la gente no sabe es que este cuarto no tiene puerta, no se accede a él de una manera convencional. Apenas iluminado por una ventana que debería llamarse rendija, porque eso es lo que es. Hace frío en invierno, y me sofoco en verano. Por eso la esperanza nunca me visita, conoce los riesgos de una habitación sin puertas. Quizás se asome por la rendija y salte al vacío, o quizás vacile entre este pequeño universo que es mi cuarto y la vida de ahí afuera, porque es eso lo que hay tras estas paredes.
Decide: envejeceremos con arrugas tatuadas en nuestra piel

domingo, 11 de noviembre de 2007

EL LAGO

-Estas turbias y profundas aguas ocultan en su abismo una ciudad sumergida, donde se encuentra la Verdad; la Verdad escrita en las paredes y muros de sus casas con tinta gris, del gris destilado en los días tristes y macilentos en los que el spleen parece invadir nuestro ánimo.
Son los cantos de sirena que emanan de estas aguas, y son las tardes cenicientas que nos restan el motivo que nos impulsa a adentrarnos en esta Verdad, a sumergirnos en la rotundidad de la Nada.
Apreciemos otras manos, otros labios que se escapan y recuperemos el ocre sabor de la derrota. Admiremos el valor del suicida que se enfrenta al reto de contemplar su vida desde la cornisa de un tejado y, por último, escuchemos en nuestro interior esa melodía desafinada, ese ladrido de un perro sin amo, afrontemos sin más la llamada del lago.

martes, 2 de octubre de 2007

HOMBRE PERDIDO EN EL ESPACIO

-"Solo y envenenado, la tinta corre sobre mis manos". Es la soledad espacial de un hombre perdido en el espacio, en el universo vacío de su vida.
El cenicero a rebosar y el reloj marca la una y cuarto de la madrugada. Ya se oye por el pasillo el leve tacón de la Soledad. Cada paso que marca es un paso que le acerca a la habitación del hombre.
El cielo esta noche no tiene estrellas, y en la inmensa negrura, en ese vacío atroz, destaca una luna ensangrentada.
El hombre se asusta y piensa que esta será la vez definitiva, que esta vez la Soledad se lo llevará con Ella. Una vez lo intentó, introdujo sus finas y frías manos en su pecho intentando arrancarle el corazón y dejarlo vacío, pero sólo pudo rasgar su cuerpo y dejarle las entrañas fuera. Son esas vísceras ensangrentadas las que nuestro hombre arrastra por su vida; cuando se levanta, cuando se acuesta, cuando duerme. Eso le recuerda quién es él y quién es Ella.
La vio por primera vez viajando en tren. En el vagón sólo iban los dos. Al parar en una estación, Ella se sentó a su lado y le señaló una colina llena de cruces. Entonces le dijo: "Ahí descansa la gente que se bajó". Luego desapareció.
Desde entonces, el hombre teme los viajes, teme el día en que Ella aparezca y le invite a bajar en esa estación. Vive con el miedo perpetuo de abandonarse a ella, de abandonarse a sí mismo y dejar de sentir la nada, esta nada que es la vida.
A Ella le gusta jugar con él. Por supuesto son juegos macabros. A veces, cuando el hombre duerme, se despierta y oye el tic-tac del reloj; sabe que es ella marcándole paso a paso el camino hacia la tumba, anunciándole su levedad. También juega con él cuando olvida su cigarro en el cenicero, y este al final acaba convertido en ceniza. Así es ella y así son sus mensajes: "Hombres, vuestra vida sólo es humo, y vosotros sólo sois ceniza".

LA MANO DEL PADRE

-La mano del padre tiene un tacto áspero, a veces distante, pero siempre tierna y suave en su trato. La mano del padre no es como otras manos, es una mano sacrificada y sufrida, llena de ilusiones y de reivindicaciones, y ante todo, es una mano amiga, siempre oportuna. No llega ni antes ni después, sino en el momento adecuado.
La mano del padre es sincera, nunca engaña, y siempre tiene algo de melancólica. Pero esa melancolía es silenciosa, callada, como si quisiera guardar sus secretos. Por eso creo que es una mano tímida, indecisa, y a veces esquiva. La mano del padre es independiente, pero a la vez depende de otras manos. Comparada con algunas de esas manos, es sin duda la mano más grande y más fuerte; pero lo bueno de la mano del padre es que nunca impone, nunca pide y por supuesto nunca mendiga, siempre se conforma con lo que le dan las otras manos. Quizás de ahí su melancolía.
La mano del padre ha sostenido libros, muchos libros, que ha leído para otras manos más pequeñas y mucho más inexpertas que las suyas. Libros que han sido leídos por muy pocas manos, quizá la suya, la mano del padre, sea algo excepcional.
Y ha conseguido mucho, quizás más de lo que imagina; a logrado hacer feliz ha manos más pequeñas, ha dado instrumentos para defenderse no ya de otras manos más grandes, sino de las garras que habitan en este mundo, y sobre todo, ha dado vitalidad y seguridad a esas pequeñas manos dependientes de él.
La mano del padre no habla mucho, ya he dicho antes que se trataba de una mano tímida, pero sabia; hay que saber callar y escuchar sus silencios para aprender su sabiduría, porque sus silencios valen más que mil palabras; palabras que a veces hablan de lo atroz de la vida y otras tratan sobre la melancolía innata de la mano del padre, y que hacen reflexionar a esas manos más pequeñas.
La mano del padre ha viajado mucho, ha estado en muchos sitios y con muchos personajes. Yo creo que la mano del padre, con toda su timidez y su melancolía, ha bajado la luna y las estrellas para que su pequeña familia de manos, que dependen de él, se extasíe en su contemplación. Quizá fue por capricho, digan muchas manos envidiosas, pero yo sé que fue por cariño y amor a esa pequeña familia suya de manos, que depende tanto de él como él de su familia. Yo soy una de esas manos. Con los años, he ido comparando mi pequeña mano con la suya, pero la mano del padre sigue siendo la más grande; pero mi mano sigue su ejemplo y espera algún día ser como ella; no tan fuerte, no tan grande, sino simplemente, llena de amor, como la mano del padre.

A mi padre.

PRINCESA (MISS AMNESIA II)

-Llegas cansada a casa, quizás algo colocada. Él no para de meterte mano, pero tú ya no sientes nada, te dejas hacer. Un lametazo en tu oreja izquierda, y un susurro: princesa. No pasa nada, mañana cuando despiertes con tu rostro sin desmaquillar y demacrado por años de no existencia, sabes que no vas a encontrar más que a un hombre. ¿Cuántos hombres han pasado por tu cama? ¿ Cuántos nombres? Ya no lo recuerdas, ni piensas en ello. Ronsard escribió algo sobre el amor, pero tú no has leído a Ronsard, ni siquiera sabes quien es.
Otra noche más de fiesta, unas cuantas anfetaminas y aguantarás hasta el amanecer. Notas como te mira ese chico. Te acercas a él y lo besas, sabes muy bien como hay que hacerlo. Esta vez te lo llevas al servicio, no te apetece despertarte con otro hombre a tu lado, con otro nombre que no dejará huella en el desierto de tu vida, demasiado trabajo para olvidar, tú ya no estás para eso.
Pero algo ocurre cuando estás con él en el baño, él no para de manosearte, pero por primera vez sientes asco, asco de una vida que no has elegido pero que no has sabido abandonar. Recuerdas un oasis en tu desierto; y el palacio de la aurora.
Mientras el hombre busca una postura cómoda, tú te dejas hacer, estás intentando recordar. Eras princesa en ese palacio, siempre había luz en él. Viene a tu memoria la sonrisa de una cría de 15 años, que ilusionada por la vida, tenía ganas de comerse el mundo. ¿Qué ha sido de esa princesa y de sus ilusiones?
Son las cinco de la tarde, otro día sin comer. Buscas tu móvil, pero no sabes dónde has dejado el bolso. ¿Realmente te lo pasaste bien anoche? Piensas. No recuerdas casi nada, sólo un hombre y un nombre que olvidar.

ESPINAS COMO ALIMENTO

-Entre la nada y el dolor escogí el dolor. El dolor de saber lo que me espera. Y en esta vida, en este dolor profundo, sólo luchamos contra nosotros mismos. Y el resultado esta claro: derrota.
Y la derrota no libera, Alejandra se equivocó al dejar escapar al pájaro de su jaula. Renunció a su dolor, y el dolor es lo único que nos queda, el único consuelo.
Cuando en una trémula noche sentimos como los tentáculos de las calaveras que hay en el cielo ( algunos las llaman estrellas) nos llaman, tiran de nosotros hacia la oscuridad, nos acercan al dolor, a la victoria de la derrota, hay que dejarse llevar. La alternativa es la nada, el no existir.
Sobre la no existencia hay mucho escrito, pero se puede definir "como la alienación total de uno mismo". Por eso yo no escogí la nada. Yo quiero dirigir mis pasos, sentir mis derrotas como propias, aunque ello reporte dolor. Un dolor que en los últimos tiempos creía definitivo.
Ahora os defino el dolor. Dolor es una lluvia fina y afilada de un día gris, dolor son los alfileres que se clavan en los párpados las noches de insomnio. Dolor es también ese olor que devuelve el mar, que siempre es distinto los domingos.
Definición de locura: La locura es ese hombre solitario junto al mar que espera a que suba la marea. Ese mismo hombre que persigue a su mariposa de menta. Su locura se llama Malicia, perversa y cruel. Locura es el hombre solitario, un cazador que persigue una presa que le huye; y que cuando la encuentra, se da cuenta que ha perseguido una sombra, un reflejo de sí mismo. Hombre captura a hombre. Hombre llora derrotado frente a su presa, frente a su cadáver de sí mismo, derrotado por última vez.
El abismo esta lleno de suicidas incandescentes que brillan al arrojarse en la oscura y olvidadiza nada. Nada es lo que somos y nada es lo que nos espera después de la derrota.
La vida está más llena de espinas que de rosas, eso lo saben los mayores. Yo me alimento de espinas, me atraganto con ellas y si eso no es suficiente, siempre queda el cilicio del amor. Un amor fácil de esos que ofrecen en los bares y que aseguran un hogar
Pero el loco que espera a que suba la marea lo sabe, la fiera en su guarida lo sabe. No hay hogar para ellos, para nosotros. Sólo dolor y nada.

jueves, 30 de agosto de 2007

EL ALMA (o el derecho a no amar de algunos organismos que ya han amado)

-Todos merecemos que nos quieran. Es una estupidez buscar entre ratas, siempre en la oscuridad. Son sólo sombras, etéreas, no las puedes agarrar. De vez en cuando, un espejismo. Esto es todavía más cruel. Estás sediento y te quedas con más sed. Siempre solo, con tu sombra por el día y con tus estrellas por la noche. Noches en las que la luna ríe tus desgracias ocultándose entre las nubes. También las estrellas. Nunca podrás tener una de ellas. Brillan en el firmamento para que sepas que están ahí, pero están tan lejos... Así es la vida, creer que llegas y quedarte corto; o pasarte de largo.
Y todo esto en secreto. Todos tenemos un mundo que ocultar. Un mundo que nos hace peores. Es todo tan personal que jamás se lo contaríamos a nadie. No es desconfianza ni vergüenza, es que vomitar nuestros sentimientos a otra persona es como vaciarse por dentro, quitándonos ese fardo de oscuridad que todos llevamos dentro. Creo que puede ser eso que algunos llaman alma. Sin ella estamos desnudos.
Un desnudo físico no vale nada comparado con un desnudo espiritual. La desnudez espiritual es total. Que conozcan todas nuestras pasiones y todos nuestros miedos, nos hace más frágiles. Somos una marioneta en manos de la persona ante quien nos hemos desnudado. Por eso hay personas que deciden quedarse con su alma y no compartirla con nadie. Necios, dicen unos. Yo digo sabios. Tienen mucho que perder: su alma.